martes, 16 de septiembre de 2014

La punta del iceberg


El síntoma, la enfermedad y la propia sombra:        


Las personas funcionamos en varios planos simultáneamente: el plano físico, el plano mental y el plano espiritual.
Los pensamientos y sentimientos convierten a cada persona en un ser único. El punto de partida es la conciencia, que emite cierta información: cuando el modelo es mas o menos armonioso, lo denominamos salud, y en el caso de ser menos equilibrado lo llamamos enfermedad, aunque estos dos términos no representan algo tan concreto como solemos creer.                                                                                                                
La mayoría de las situaciones que vivimos las elaboramos en los planos superiores. Cuando el sentimiento es doloroso o por alguna razón inconsciente, decidimos desecharlo, reaparece en el plano físico. Es decir se materializa. Esta materialización inconsciente de aspectos ocultos de nuestra alma se titula "síntoma".
El síntoma en el cuerpo invariablemente molesta. La primera reacción es querer eliminar esa molestia que viene de fuera a perjudicarnos. Sin embargo el síntoma físico es la mejor señal de la que dispone el ser humano para buscar el origen del desequilibrio. Es llamativo que la medicina occidental este tan dedicada a hacer desaparecer todas las llamadas de atención, sin antes al menos mostrar curiosidad por los verdaderos motivos de la aparición de los síntomas.
La enfermedad se equipara al estado de conciencia de la persona. Por eso no puede haber división entre enfermedades psicosomáticas y enfermedades puramente orgánicas, ya que todas las manifestaciones del cuerpo responden a los planos mentales y espirituales, es decir todo es psicosomático.
Los síntomas son señales portadoras de información precisa, son maestros implacables, son guías en el camino de introspección y búsqueda personal. Por eso es necesario aprender y comprender el lenguaje de los síntomas.
Las personas tenemos tendencia a formar y a emitir opiniones que son siempre válidas para nosotros mismos, y cuanto más fuertemente las defendemos, más negamos las opiniones en apariencia contrarias. Es así como caemos en la ilusión de creer que respondemos siempre a la mejor de las opciones, negando que exista en nosotros el otro polo, el negativo.
Lo que no queremos ser, lo que no queremos admitir, lo que no queremos recordar, forma nuestro polo negativo, forma nuestra sombra. El repudio de la otra mitad de las posibilidades no las hace desaparecer, sólo las niega en la conciencia.
La sombra es todo lo que un individuo no puede reconocer de si mismo.
La enfermedad es siempre una parte de la sombra que se introduce en la materia, indicando lo que me falta, lo que he rechazado, lo que he olvidado, lo que he despreciado. La enfermedad siempre nos muestra el otro polo,
la parte oculta que preferimos desconocer. La sombra contiene todo lo que consideramos malo, lo cual nos lleva a creer que debemos combatirla. Los síntomas son molestos por lo general, y por esa razón volvemos a rechazarlos cuando podríamos utilizar esa oportunidad para traer a la conciencia el polo que con anterioridad no pudimos aceptar.
Escuchar realmente a un síntoma nos obliga a ser más sinceros con nosotros mismos. No tenemos un amigo más sincero, alguien que nos muestre las cosas con tanta crudeza.
Si anhelamos momentos de soledad pero no logramos dejar un espacio en nuestra rutina cotidiana, aparece un signo físico que nos obliga a cumplir esa necesidad de soledad, por ejemplo: un ataque de asma en el que recibimos la indicación médica de un repodo urgente. A través de la enfermedad obtenemos lo que necesitamos.
Podríamos definir salud como una permanente búsqueda de apertura y aceptación hacia los procesos internos. Tal vez una definición más acertada de la palabra enfermedad se refiera a la poca conciencia de los estados internos y la no aceptación del lenguaje de los síntomas que necesitamos descifrar.


Bibliografía: "La maternidad y el encuentro con la propia sombra"
                        Laura Gutman

miércoles, 18 de abril de 2012

Quien eres... realmente

Cualquier pensamiento que hayas tenido sobre ti mismo, pequeño o desmesurado, no es quien eres. Es sólo un pensamiento. La verdad de quien eres no puede ser "pensada", porque ella es la fuente de todos los pensamientos. No se puede definir o darle nombre a la verdad de quien eres.



Ver vídeo:

Who Are You.... Really - 39 Translation(s) | dotSUB

viernes, 27 de enero de 2012

CICLOS, padres e hijos

El pasado es pasado, y sin embargo, en el ahora en  nuestro ser actual, llevamos a cuestas con nosotros muchas cosas del pasado. Pero cargamos con ellas solamente en la medida en que tenemos situaciones inconclusas. Lo que ocurrió en el pasado, o bien lo hemos asimilado y se ha convertido en parte de nosotros mismos, o bien seguimos llevando encima, donde quiera que vayamos una situación inacabada, una gestalt incompleta, les daré un ejemplo; la más notoria de las situaciones inconclusas es el hecho de no haber perdonado a nuestros padres.Como ustedes saben los padres nunca tienen razón, o son demasiado grandes o demasiado pequeños, demasiado inteligentes o demasiado cortos. Si son estrictos, deberían ser blandos, y así sucesivamente, ¿cuando encontramos padres que nos parezcan bien? siempre pueden ustedes echar la culpa a los padres si eso es lo que desean; jugar al juego de la contabilización y hacer a sus padres responsables de todos sus problemas. Mientras no estén ustedes dispuestos a desprenderse de sus padres, seguirán ustedes sintiéndose a si mismos como niños. Pero llegar a cerrar la gestalt y desprenderse de los padres, y poder decir "ahora ya soy mayor", es otra historia. Esto es parte de la terapia, desprenderse de los padres, y especialmente perdonarles, lo cual es lo más difícil para la mayoría de la gente.

                                               Fritz Perls "Sueños y existencias"

Nuestros padres nos han dado todo aquello que han podido y del modo en que han sabido dárnoslo, lo que no hemos recibido quizás ni tan siquiera ellos lo tenían para si mismos. Comprender esto de una manera profunda, para poder integrarlo, es la mejor manera de poder llegar a perdonarles, para no perpetuar así con nuestros hijos un ciclo vicioso sin fin de amor negativo.
Este precioso vídeo que me ha llegado por medio de un amigo muy querido para mi, no habla de esto, no señala la falta, lo que no hubo, sino todo lo contrario ( porque eso también estuvo) .
¡Que sirva de homenaje a nuestros padres!


                                                                                                      

                                

viernes, 28 de octubre de 2011

Hasta que uno se compromete hay duda.....


Hasta que uno se compromete hay duda,
la posibilidad de volverse atrás,
siempre ineficacia.

Concerniente a todos los actos
de iniciativa y creación existe una verdad elemental,
cuya ignorancia mata innumerables ideas y espléndidos planes;
esto es : que en el momento en que uno se compromete definitivamente                               también la Providencia se mueve.

Todo tipo de ayuda que nunca hubiera aparecido
surge ante uno.
Toda una corriente de sucesos fluye de la decisión,
poniendo a nuestro favor todo tipo de incidentes y encuentros y
ayuda material que nadie hubiera podido soñar que le llegaran.

Lo que puedes hacer, o sueñes poder, comiénzalo.
La audacia lleva genio, poder y magia en si.
Comiénzalo ya.


GÖTHE

jueves, 22 de septiembre de 2011

Recibir ayuda

Para quien sabe recibirla, la ayuda está en todas partes. Flota en la atmósfera, por decirlo de algún modo. Para quien sabe verlo todo es bendición, una oportunidad de encontrar luz y nuevas perspectivas, una oportunidad de cambiar, para encontrar respuestas y acercarse más y más al centro de su ser.
Encontramos la ayuda en una palabra, en un mensaje, en un sueño, en una mirada, en un roce, en un intercambio, en un color en una relación, en el azar de un encuentro, en una conversación, en una imagen o poema o canción...
Para ello debemos cuidar nuestra sensibilidad, afinar nuestros sentidos, despenalizar nuestra capacidad de ver y oír y oler y tocar y saborear y sentir. Y fiarnos a la hora de intuir con el corazón y de reconocer las sensaciones y señales del cuerpo.
La ayuda abre las cerraduras de lo nuevo o lo desconocido. Nos sorprende a menudo nos obliga a arriesgar.
Veamos algunas recomendaciones a la hora de recibir ayuda:

Abrirse a lo desconocido

El principal problema a la hora de recibir ayuda consiste en empeñarnos en que venga del modo que tenemos previsto (y únicamente en este modo). Es decir, esperamos que corresponda a nuestra visión de cómo tendrían que ser las cosas, y si es posible, que confirme nuestro punto de vista y nuestra posición en el mundo. Por tanto lo que se opone a la ayuda es nuestro empecinamiento en confirmar nuestras hipótesis, lo cual configura un escenario en el que decimos. "No daré mi brazo a torcer, lo quiero a mi manera".
Así que recibir ayuda tiene mucho que ver con nuestra capacidad de abrirnos a lo desconocido, ya que desde nuestra forma de abordar el asunto nos solemos mantener en el problema.

Sintonizar con la vulnerabilidad y la gratitud

Desde la carencia y la necesidad nos volvemos humildes para que lo externo nos entre, para permitir que se aloje en nosotros tal como viene. Es desde la fragilidad y la vulnerabilidad desde donde el corazón se abre y abraza lo que la vida le trae para su reposo y alimento, desde donde nos podemos respetar, y respetar lo que viene del otro, y tomarlo manteniendo nuestra autonomía.

Soltar nuestras reclamaciones 

Es natural que si creemos que nuestros males encontrarán remedio en más comprensión, comunicación, escucha, respeto o lo que sea que busquemos. Puede que lo encontremos, pero es más común que no sea así. Quizás en el lugar de estar donde pensábamos resulta que esta en todas partes, o que cumple también su función al no darnos la razón. En resumen, que quién la está esperando de un modo muy preciso se olvida de reconocerla cuando la tiene en frente, y quién la exige con reclamaciones la ahuyenta. En cierto modo, ocurre como con la felicidad, que anda siempre desesperada corriendo detrás de nosotros para alcanzarnos, mientras nosotros corremos sudorosos hacia delante tratando de alcanzarla a ella.

Reconocer el sufrimiento real 

Quien sufre y se duele genuinamente se vuelve verdadero candidato a la ayuda, depone con facilidad su castillo y su lógica, y quizás logra soltar las amarras que lo mantienen en él. ¿Qué es un verdadero sufrimiento, un padecimiento real? Pues simplemente uno que esta conectado con la realidad. El sufrimiento real que nos abre a la ayuda está conectado con lo externo, con hechos de nuestra vida, con los otros, con lo que podemos o no podemos en los contextos que vivimos. Por el contrario, el sufrimiento que refiere reflexiones y explicaciones internas sobre nosotros mismos es poca cosa y no va muy lejos. A menudo sólo es deporte psicologista con resultado negativo, nada más.

Confiar en el ser 

Es común que las personas cambiemos cuando no tenemos más opciones, especialmente cuando nuestro sufrimiento se vuelve más y más real.
Alguien dijo que la felicidad empieza cuando ya no tenemos nada que defender ni que perder, y tampoco nada que ganar ni esperar. La frase "ya nada espero", que suena tan desesperada, puede ser el escalón que nos eleva a la dicha.


Bibliografía:
"Vivir en el alma", Joan Garriga Bacardí.







 

viernes, 1 de abril de 2011

¿Porqué comenzar terapia?

Entre las técnicas de curación que existen, se pueden distinguir tratamientos que llevan al enfermo más en dirección de lo que está en su interior y otros que le ayudan a ir hacia lo que le gustaría ser pero no es. En cada uno de nosotros existe casi siempre una pequeña diferencia entre lo que se es realmente y lo que a uno le gustaría ser de acuerdo con las expectativas familiares y las influencias culturales del ambiente en el que se crió. Cuando un individuo nace, es perfecto, con una organización propia de instintos y necesidades físicas y psicológicas perfectamente equilibrados.
 Sin embargo, desde el momento en que el individuo entra en la vida, esta organización empieza a tener que adaptarse no sólo a las exigencias personales sino también a la realidad circundante y sus presiones. Entonces se vuelve necesario crearse una identidad, un centro de conciencia que, con el objetivo de coordinar estas exigencias, produzca una representación de sí mismo llamado "yo".
 Normalmente, esta representación está equivocada porque está condicionada por las presiones de la cultura y de la familia en la que uno se crió. Esto hace que empecemos a considerarnos más que nada una mala copia de lo que uno piensa que debería ser, con el consecuente sentido de desazón, inseguridad y mal estar. Por ejemplo, una persona que crece con la convicción de tener que ser generosa, hará de todo para serlo en cada circunstancia, también cuando la situación requiere un poco de egoísmo. Para lograrlo, tal vez, continuará repitiéndose así misma que es más difícil ser generosos que egoístas, renunciando ver cómo, en la realidad, para nadie es ventajoso ser sólo generoso o solo egoísta. Aunque esta idea de uno mismo y de la realidad es errónea, lo que ocurre en la mayor parte de los casos es que se busca continuamente adecuarse a ese acto forzado, hasta atrofiar la parte de uno mismo que se considera negativa.
 "Eres mucho mejor de lo que te gustaría ser". Pero normalmente, la necesidad de integrarse en la propia familia es la que prevalece sobre la idea de ser quien uno es realmente. En este proceso, el individuo empieza a deformar y manipular la propia alma y el propio cuerpo para volverlos lo más adecuados posibles a las expectativas. En general, el proceso continúa hasta que llega a un punto critico en el que quien uno piensa que es está tan distante de quien uno es verdaderamente, que se vuelve necesario un giro más o menos decidido. En algunos casos el giro tiene lugar de modo dramático, cuando entramos en una crisis  -por ejemplo, con una grave enfermedad o una separación-, otras veces la tendencia cambia simplemente sin dramas: desde ese momento, el "yo" invierte el rumbo, deja de esforzarse en deformar el cuerpo y el alma según los ideales adoptados y empieza a apreciar y admirar el extraordinario diseño y la riqueza intrínseca del modo de ser propio. Por lo tanto, se dedica a la recuperación de muchos aspectos de sí mismo que antes eran rechazados, negados, alienados, proyectados sobre otras personas.
 Al principio, este proceso de adecuación a las expectativas, sustancialmente, es sano, ya que le permite al individuo integrarse en la cultura a la que pertenece. Aunque implica costes altos a nivel personal, como un gran desgaste de energía -inconsciente, claro-.
 Para convertirnos en personas maduras y más felices, es necesario deshacernos de estos personajes, de ese "yo" creado para la adaptación a la sociedad y a nuestro entorno familiar. Recuperar nuestra fuerza y energía, es necesario si queremos vivir plenamente y con libertad nuestras vidas.

                                                                                                 

miércoles, 30 de marzo de 2011

La tristeza y la furia



En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizá donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta...
En un reino mágico donde las cosas no tangibles se vuelven concretas...
Había una vez ...un estanque maravilloso.
Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente...
Hasta estanque mágico y transparente se acercaron la tristeza y la furia para bañarse en mutua compañía.
Las dos se quitaron sus vestidos y, desnudas, entraron en el estanque.
La furia, que tenía prisa (como siempre le ocurre a la furia), urgida -sin saber por qué- se bañó rápidamente y, más rápidamente aún, salió del agua...
Pero la furia es ciega o, por lo menos, no distingue claramente la realidad. Así que, desnuda y apurada, se puso,al salir, el primer vestido que encontró...
Y sucedió que aquel vestido no era el suyo, sino el de la tristeza...
Y así, vestida de tristeza, la furia se fue.
Muy calmada, muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y, sin ninguna prisa -o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo-, con pereza y lentamente, salió del estanque.
En la orilla se dió cuenta de que su ropa ya no estaba.
Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo. Así que se puso la única ropa que había junto al estanque: el vestido de la furia.
Cuentan que, desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada.
Pero si nos damos tiempo para mirar bien, nos damos cuenta de que esta furia que vemos es solo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad, está escondida la tristeza.